Poltergeist: ¿puede una película estar maldita?

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Cuatro de los actores de la trilogía murieron en los seis años que sucedieron al estreno de la película original. La más famosa de ellas es la niña Heather O’Rourke, que llegó a participar en dos secuelas y murió justo después del estreno de Poltergeist III, por una gripe agravada con complicaciones en la mesa de operaciones que la llevaron a un paro cardiaco. Poco después falleció uno de los actores secundarios más recordados de la trilogía, el veterano Julian Beck, de cáncer y con sesenta años. Más tarde, el nativo americano Will Sampson, también por complicaciones tras un transplante de riñón. Casualmente, Sampson había realizado un exorcismo para librar de todo tipo de malos augurios al rodaje de la segunda parte, donde él aparecia. Y finalmente, suponiendo que esto redondeara algo, Dominique Dunne, que interpretaba a la hermana mayor de Heather O’Rourke en la primera película: fue estrangulada por su novio. Saliendo de los muy poco estrictos límites de la maldición, en 2009 fue asesinado Lou Perryman, uno de los actores más veteranos de la primera entrega. Para reforzar la teoría conspiratoria espiritista se dijo que la primera película estaba maldita porque se habían usado restos humanos reales en el rodaje.

Durante un tiempo se habló en Hollywood de… ¡la maldición de Spielberg! Solo un año después del rodaje de Poltergeist, en 1983, la tragedia azotó otra película producida por él: en En los límites de la realidad, el actor Vic Morrow murió -junto a un par de niños actores- decapitado por las aspas de un helicóptero. Un par de detalles inquietantes: Morrow tenía un seguro de vida de cinco millones de dólares desde hacía un año porque había tenido la premonición de que moriría en un accidente de helicóptero; y uno de los artistas conceptuales se confundió al diseñar la escena en preproducción e hizo un boceto de rodaje erróneo en el que se veía el accidente que costó la vida a Morrow con todo detalle.